Casa-Museo José Segrelles
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JOSE SEGRELLES ALBERT (1885-1969)
En Albaida (Valencia), una villa todavía semejante por su aspecto a las ciudades de los cuentos de "Las Mil y Una Noches"  nacía, con el amanecer de un 18 de marzo de 1885, un niño que vino al mundo en el año de la calamidad mortífera del cólera, un  muchacho despierto y hábil con el lápiz, un pintor de fantástica imaginación, un ilustrador universal. A los nueve años, en vista de la  vocación demostrada a lo largo de su infancia, se trasladó a Valencia con su hermano mayor Vicente, el cual se cuidaría de atenderlo y  protegerlo mientras el muchacho asistía como alumno libre a la Escuela de Artesanos y, diariamente, a la Academia de Bellas Artes de San  Carlos, donde fue discípulode Isidoro Garnelo y Joaquín Sorolla. A los doce años, al verse rodeado por el dolor familiar y con sus estudios  paralizados por la muerte de su hermano mayor, aceptó la invitación de su tío Antonio para continuarlos, por lo que fijó su residencia en la  ciudad Condal.  
Estudiando en la Lonja, donde se licenció en Bellas Artes, entró a trabajar en la casa de fotografías Napoleón. Mientras retocaba fotografías,  empezó a trabajar como ilustrador para la editorial Granada y a los veintisiete años ilustraba ya para la casa Araluce junto con otros artistas  de prestigio. 
En el año 1918 expuso en Barcelona, y a esta muestra acudieron, entre otras personalidades, el novelista valenciano Vicente Blasco Ibáñez,  quien, admirado por tan distinguida obra quiso conocer al autor y le pidió que ilustrara cuatro de sus novelas. Éstas eran: "La catedral", "Flor  de Mayo", "El intruso" y "Los muertos mandan". Segrelles aceptó y se puso de inmediato a trabajar en este proyecto, captando  perfectamente el ambiente que Blasco Ibáñez introduce en sus relatos. En el año 1923 se editó en España "Las Florecillas de San  Francisco". En 1926 fue solicitado por la revista The Illustrated London News y en 1927 viajó a París para firmar el contrato. En ese mismo  año le publicaban once temas sobre Beethoven, músico predilecto entre Wagner, Chopin y Mozart, sobre la música de los cuales también  pintó diversas obras. Después de firmar con la revista inglesa se publicó en Italia "Las Florecillas de San Francisco" que, al igual que en  España, tuvo una grandísima aceptación, agotándose toda la edición. En el año 1929 Segrelles fue galardonado con la Medalla de Oro en la  Exposición Internacional de Barcelona por las interpretaciones ilustrativas de "La Divina Comedia" de Dante.  
En 1930 ilustró "Las Mil y Una Noches" para Salvat Editores, y nueve de sus temas fueron publicados por The Illustrated London News,  obteniendo un grandioso éxito, tanto en Europa como en EE.UU. En 1932, cumplido el encargo de Salvat, de Barcelona, salió al mercado el  libro de los famosos cuentos de "Aladino y la lámpara maravillosa", "Alí-Babá y los 40 ladrones", "El príncipe Diamante", "Farizada la de la  sonrisa de Rosa" y "Simbad, el marino", con un total de treinta y dos bellísimas ilustraciones a todo color. También en 1932 se editaron en la  revista inglesa cuatro ilustraciones sobre "Famosos sueños".  
Durante su estancia en América, Segrelles disfrutó como en pocas ocasiones de su triunfo y saboreó su gloriosa fama sin parar de trabajar.  Pero, a menudo, echaba de menos su tierra y el estudio de su casa en Albaida. Para apagar esa melancolía comenzó a diseñar y esbozar  salas y rincones, los cuales formarían años más tarde diseños para su Casa-Museo.  
En 1936 estalla la guerra civil española, y el pintor pasa los tres años en su ciudad natal, soportando las vicisitudes de una contienda de  tales dimensiones. Siguió trabajando en el estudio de la casa de sus padres, realizando algunos retratos y preparando temas para  ilustraciones. En 1940 fijó definitivamente su residencia en Albaida. Empezó, por fin, a hacer sus sueños realidad: alzar un estudio amplio y  luminoso, como un palacete árabe, de acuerdo con los dibujos realizados en Nueva York, contar con una biblioteca para su gente y una sala  museo para dar recitales y conferencias; y sobre todo, estar con su esposa Rosita Tormo, encantadora y bella muchacha que Segrelles  había visto nacer. Desgraciadamente, veinte meses después de la boda el delicado corazón de esta buena mujer, compañera del gran  artista, terminó de palpitar, y sin ver acabada la casa de la cual iba a ser dueña emprendió el camino eterno. 
Finalizó Segrelles los encargos religiosos para la iglesia arciprestal de Albaida con varios óleos de tamaño considerable que adornan el  retablo de este templo. A partir de esta obra monumental comienzan a llegar encargos de otras ciudades además de Valencia, ya que su  arte místico se extendió hasta El Vaticano, en Roma.  
En la década de los 50 emprendió, como posible evasión de las obras religiosas, una nueva etapa en la cual emplearía toda su imaginación  y técnica: los temas siderales. Comenzó esbozando al carbón imaginarios cráteres lunares, y es en 1960 cuando empezó realmente a soñar  innumerables temas espaciales, ejecutando la mayoría de ellos al óleo. Segrelles, con curiosidad, siguió los proyectos "Apolo" y se interesó  por los programas de lanzamiento, pensando, aunque no le gustara, que el hombre algún día pisaría la Luna. Muchos años antes se atrevió  a ilustrar, inspirado en el texto de H.G. Wells, "La Guerra de los Mundos". Uno de los grandes trabajos de esta serie es "Invasión de los  Marcianos a la Tierra", significativo lienzo que actualmente se encuentra en su Casa-Museo de Albaida.  
Pero Segrelles no fue únicamente pintor, también ocupó el puesto de Diputado y Catedrático de Bellas Artes en la Universidad de Valencia.  Poco después de abandonar estos cargos lo nombraron pintor de cámara a título permanente de la Excelentísima Diputación de Valencia y  durante años ilustró El Libro de Oro de esta entidad con más de 70 originales. En el año 1965 fue invitado por TVE para el programa "Ésta  es su vida", presentado por Federico Gallo y emitido desde Barcelona, Estudios Miramar, para toda España. 
Con una gran admiración hacia las obras de Cervantes, Segrelles pintó desde el principio de su carrera las aventuras de "Don Quijote de la  Mancha". Desde 1930, y por mediación de un contrato firmado con la Editorial Gallach-Calpe, les fue entregando todo aquello que pintó  referente al caballero de la triste figura, pero por diversas causas no llegaría a publicarse hasta 1966, significando el acontecimiento cultural  más importante del año. La prensa de Madrid volvió a encontrarse con Segrelles y por unanimidad le proclamaron como el mejor ilustrador  universal. Segrelles, a raíz de este acontecimiento, manifestó: ""El Quijote" ha sido el vértice de mi carrera artística".  
Después de 83 años de trabajos y viajes, premios y triunfos, cargos y cargas, emociones y nombramientos, a las cinco de la tarde del 3 de  marzo de 1969 una especie de nube roja, quizás una gran nebulosa, apuntaba a Albaida mientras las campanas de la torre no paraban de  sonar, anunciando el nuevo viaje que Segrelles había emprendido hacia lo desconocido, segundos después de haber observado por  televisión cómo el "Apolo IX" surcaba el espacio.     
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